Antiguas construcciones centenarias levantadas con la milenaria técnica de la piedra seca, que ya usaban los primeros pobladores prehistóricos de la zona.
Nuestros bosques de castaño, roble y pino, nos permiten disfrutar de un microclima que le recordará a otras regiones. Casas y corrales de piedra tosca alternan en nuestras calles con el blanco enjalbegado de las fachadas.
Los paporros nos sentimos orgullosos de nuestra tierra, nuestro pueblo y nuestras casas, que hemos guardado y restaurado con el mayor respeto a los que nos precedieron. Hoy, La Garganta tiene una fisonomía propia del siglo XXI, pero no le costará ningún trabajo reconocer, en cada rincón del pueblo, su antiguo pasado.
